La concreción y fijación de la red viaria actual, debe remontarse, al menos, al tiempo de los romanos época en la que ya había un notable entramado de calzadas, de las cuales conocemos perfectamente las que unían los núcleos de población importantes, pero sabemos poco de la red secundaria de vías que partían de las primeras hacia otros lugares menos importantes.
El itinerario romano de Antonino en el siglo III recoge tres vías importantes: la Vía Emérita Augusta –Mérida- con Astúrica Augusta –Astorga-, conocida más tarde como Vía de la Plata, seguía en la mayor parte de su trazado la margen izquierda del río Esla, teniendo sus puntos más importantes en Vico Aquario –identificado con Castrotorafe- Pretorium –Bretó- y Brigaecium, uno de los hitos más importantes de la región identificado por varios autores con el yacimiento arqueológico de Morales de las Cuevas en el término de Fuentes de Ropel.
La vía que unía Bracara Augusta –Braga- que ofrecía varias alternativas.
Por último la vía que unía Asturica Augusta con Caesar Augusta por Cantabria, esto es, la llamada Cantabria leonesa, transcurría también por Brigaecium, coincidiendo en parte de su trazado con la Vía de la Plata.
Junto a estas calzadas que aprovechan el curso de los ríos, heredadas quizás de otras más antiguas, y las posibilidades orográficas del terreno, existían otras secundarias, necesarias para permitir la comunicación con diferentes yacimientos arqueológicos. José Mª Bragado proponía un total de 19 de estas posibles rutas solo para la provincia de Zamora.
Posiblemente los primeros asentamientos humanos aparte de los lusitanos, vacceos, vetones, etc. fueron mercenarios de los ejércitos romanos que recibieron como recompensa de los servicios prestados algunos terrenos arrebatados a los pobladores anteriores.
A estas vías deberíamos unir necesariamente las cañadas que fueron utilizadas en la trashumancia de los ganados en busca de verdes pastos en verano.
Además , no podremos olvidarnos de las rutas seguidas por los peregrinos desde la edad media hasta los tiempos presentes en busca de el jubileo compostelano; en la Edad Media las rutas a seguir por los peregrinos estaban muy ligadas a los monasterios existentes en el camino porque normalmente les proveían de un ansiado diploma, comida y lugar donde dormir, por ello vamos a ver el papel que jugaban éstos.
Los monasterios, desde el punto de vista de la organización del espacio y el aprovechamiento del terreno no diferían mucho de las villas y comunidades aldeanas de la época, se constituyeron con un puñado de monjes a las órdenes de un abad y sujetos a una regla, pero la evolución posterior hizo que muchos de ellos fueran absorbidos por otros más grandes que habían gozado del favor real o habían alcanzado mayor desarrollo patrimonial y de poder. Las primeras metas de peregrinación coincidían con estos cenobios ya que fueron santuarios de devoción.
En un primer momento su meta era la retirada a una vida eremítica, lo cierto es que la mayor parte de ellos aparecen situados en estratégicos lugares de las vías de comunicación aprovechando el paso de los ríos y las rutas de transhumancia ganadera o valiéndose de asentamientos anteriores, desde castros hasta villas bajoimperiales.
Llama la atención la gran variedad de rutas existentes para la peregrinación en la zona que, seguramente, será debida a la necesidad de sortear los cursos de los ríos, apareciendo los monasterios en los diferentes puntos, cubriendo las posibles alternativas, en todo caso este fenómeno lleva aparejada la aparición de nuevos puntos de repoblación, con asentamientos humanos dispersos, dedicados al cultivo de estas tierras y a la crianza de ganado en las cercanías de los monasterios o en sus posesiones, aprovechando las exenciones fiscales obtenidas por los monjes de los reyes para la explotación de las tierras monacales o las próximas una vez que iban siendo conquistadas. Existe un ambicioso proceso de repoblación durante los reinados de Alfonso VII, Fernando II y Alfonso IX en León y Castilla que influye directamente en el establecimiento de estas redes viarias, y en el desarrollo de las villas de la zona.
El problema del paso de los ríos, sobre todo en los meses invernales y en las épocas de crecidas, dio origen a una serie de puentes y barcas situados estratégicamente que cubrían las necesidades de paso de los peregrinos aparte del necesario movimiento de mercancías. Uno de los pasos, desaparecido ya, mejor documentado es el del puente de Deustamben, en el Esla, entre Villaveza del Agua y Milles de la Polvorosa, el puente fue levantado por Pedro Deustamben, el movimiento en torno a él de personas, animales y mercancías en el siglo XII dio lugar a un importante núcleo de población dotado de monasterio y hospital para la recogida de viajeros. Fueron importantes también el puente de Castrogonzalo, el de Mózar, el de Castrotorafe, etc. Las barcas de San Pelayo, de Misleo, de Moreruela, de Bretocino, y de Barcial, situadas en un corto espacio para el paso del Esla, nos dan una idea de las necesidades viarias de paso del río en esta época; estas barcas podían transportar tanto personas como animales y carros cargados con mercancías de un lado a otro mediante el pago del correspondiente peaje.
La consideración del término peregrino debía ser muy amplia en la edad media, en las Partidas de Alfonso X el Sabio se dice “Romeros y peregrinos se hacen los hombres para servir a Dios y honrar a los santos; y por gusto de hacer esto, estrañándose de sus linajes y de sus lugares, y de sus mujeres, y de sus casas y de todo lo que tienen, y van por tierras ajenas lastimando sus cuerpos y gastando los haberes buscando santuarios”
Muchas de las donaciones a los monasterios de la época, aparte de la consabida dedicación a la salvación del alma del donante, era para sostenimiento y ayuda a los peregrinos, de modo que algunos monasterios estaban dotados de botica con un monje encargado de atender a los enfermos.
La peregrinación más importante y de todos conocida es a Santiago de Compostela, pero algunos monasterios tenían su particular fama en que las reliquias de los santos que allí se guardaban, que poseían propiedades curativas para aquellos que se acercaban a venerarlas, por lo que, todos ellos, poseían reliquias de diferentes santos que hacían tanto mayor su fama según el santo del que se tratase. Por todo ello no es de descartar que las peregrinaciones localizadas a algunos de estos monasterios fuesen, al menos, tan importantes como la propia jacobea.