Hijo de Alfonso VII, ocupó
el trono en 1157 a la muerte de su padre, quien dividió sus posesiones
entre sus hijos Fernando II, a quien correspondió León, y Sancho,
a quien dio Castilla. Estableció con su hermano un tratado de amistad
y no-agresión (Tratado de Sahagún) que evitó enfrentamientos
entre ambos reinos. Logró que Ramón Berenguer IV se reconociera
vasallo suyo mediante un acuerdo firmado en 1158, ratificando el "Regnum
Caesaragustanum" establecido por Alfonso VII con el conde de Barcelona.
Fundó la Orden de Calatrava y protegió al reino de la invasión
de Sancho IV de Navarra. A su muerte, heredó el trono su hijo Alfonso
VIII cuando contaba con tres años de edad.
Hijo de Alfonso VII firmó
con su hermano Sancho III de Castilla el tratado de Sahagún (1158),
que confirmaba la separación de León y de Castilla. A la muerte
de Sancho ese mismo año, tomó Toledo y Segovia. En 1166 logró
la conquista de Extremadura, emprendiendo su repoblación, y se enfrentó
por dos veces con éxito a los intentos de Alfonso I de Portugal de
tomar Badajoz. Durante su mandato, se instituyeron en Cáceres las Órdenes
militares de Santiago y Alcántara, a las que favoreció.
LA EDAD MEDIA; LOS TEMPLARIOS
Nieto de Fernando II,
heredó el gobierno de León de manos de su padre, Alfonso IX
(1230), y consiguió el mandato sobre Castilla por cesión de
su madre, doña Berenguela (1217), gracias a la muerte de su tío
Enrique I. Residente en León tras la anulación del matrimonio
de sus padres, a la muerte de Enrique I de Castilla su madre Berenguela le
hace llamar a Castilla y le entrega el mando sobre el reino. Mandó
traducir al castellano el "Liber Iudiciorum", conocido como "Fuero
Juzgo", y durante su reinado se erigieron las catedrales de Burgos en
1221 y Toledo en 1226. Ya en sus tiempos su mandato fue considerado modélico,
pues logró restringir de manera notable el dominio musulmán
en la península Ibérica y establecer medidas políticas
y económicas que mejoraron las condiciones de vida de sus súbditos.
La muerte le sorprendió 30 de mayo de 1252, mientras preparaba una
expedición contra el norte de África.
El 15 de julio de 1099, la toma
de Jerusalén puso fin a la Primera Cruzada (1096-1099) a petición
del papa Urbano II. La Tierra Santa fue reconquistada pero los caminos para
llegar a ella eran inseguros. Ataques, robos y asesinatos acechaban a los
peregrinos que arriesgaban todo en su viaje. Fue entonces cuando dos caballeros,
Hugues de Payens y Geoffroy de Saint Omer decidieron ofrecerse al rey Balduino
para contribuir con esta misión. En 1115, otros nueve caballeros se
unieron a ellos formando la cofradía de los "Pobres Caballeros
de Cristo", todos bajo el emblema del "Beauséant", bandera
rectangular dividida en dos cuadrados, uno negro y otro blanco. El rey de
Jerusalén puso a su disposición una parte de su palacio, construido
sobre las ruinas del antiguo Templo de Salomón, de ahí se intuye
el cambio de nombre por el de "Milites Templi Salomonis". Hasta
1126 no se tienen noticias de ellos hasta que el conde de Champaña
decide dejarlo todo, familia, posesiones y poderes, para ponerse al servicio
de su antiguo vasallo, Hugues de Payens. No obstante el papa Honorio II se
negó a reconocer la cofradía sin el aval de las demás
órdenes monásticas, de ahí que de Payens insistiera a
Bernardo de Claraval, patrón del Císter, a que apoyara su causa
y intercediera ante el papa. El resultado fue el "Elogio de la Nueva
Caballería Templaria" y la celebración del concilio de
Troyes, el 14 de enero de 1129. En 1130 la Orden del Temple fue reconocida
oficialmente por la más alta autoridad religiosa, lo que atrajo un
gran número de caballeros dispuesto a abandonar los fastos y glorias
para formar parte de la "caballería de Dios", convirtiéndose
en frayles-guerreros al servicio de la cristiandad en la lucha contra los
infieles, tanto en oriente medio como en la Península Ibérica,
por donde el Islam amenazaba igualmente los reinos europeos.
No será
hasta bien entrada la segunda mitad del siglo XII, cuando tengamos las primeras
noticias escritas de Cephinis, primera denominación de Ceinos
que conocemos, y que coincidirá con la época de mayor esplendor
de la villa. Por si alguien tiene interés en el topónimo Cephinis,
puede consultar el artículo “Los topónimos
'Cephinis', 'Couellas' y 'Ripa' en la "Historia de
rebus Hispaniae" / Martínez Ortega, Ricardo / Martín
Villaverde, María del Carmen” en Iacobus: Revista de Estudios
Jacobeos y Medievales, 1996; 2" .
A principios
del
siglo XII, no mucho después de que Hugo de Payens y Godofredo de
Saint-Omer, fundaran en Jerusalem en el año 1118 la orden
del
temple, los caballeros templarios, establecieron una de sus primeras
y más importantes bailías en Ceinos de Campos.
Por aquel entonces reinaba en Castilla y León, Alfonso
VII, el Emperador, (1104-1157) que así
se hizo proclamar en 1135 por las Cortes de León. A su muerte, el
reino quedó dividido en dos: el Reino de Castilla, en manos de su
hijo Sancho
III, el Deseado (1135-1158); y el de
León, en poder de su otro hijo, Fernando
II (1137-1188); y que no se volverían a unificar hasta la
llegada de Fernando
III, el Santo (1201-1252).
Tal y como explica D. Gonzalo Martínez Díez en su libro “Los
Templarios en los reinos de España”, la frontera
que separaba a los reinos de Castilla y de León por la Tierra de
Campos, establecida en 1157 y determinada en el Tratado
de Fresno-Lavandera del 1 de junio de 1183, dejaba en el reino
leonés la franja más occidental de la actual provincia de
Valladolid. A pesar de la estrechez de esa franja y de su poca extensión,
en ella se ubicaban tres encomiendas templarias: Mayorga, San Pedro de Latarce
y Ceinos de Campos.
Hijo de la reina Urraca
y del conde Raimundo de Borgoña, su primer marido, en 1111, sus partidarios,
le proclaman rey de Galicia y en 1126 hereda de su madre el trono castellano-leonés.
Su primera preocupación será solventar las tendencias secesionistas
que se vienen produciendo desde la muerte de Alfonso VI, en especial a cargo
del condado de Portugal, y recuperar los territorios entre Burgos y Carrión,
dominados por Alfonso I el Batallador de Aragón tras su separación
de la reina Urraca. A su muerte, su testamento, retoma la costumbre de repartir
los territorios entre los herederos. Así, Sancho se hará cargo
de Castilla con el título de Sancho III mientras Fernando será
rey de León como Fernando II.
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