La región ocupada por los celtíberos se corresponde con las tierras cerealistas del valle medio del Duero, cuyo núcleo geográfico podríamos considerar las provincias actuales de Valladolid, Palencia, Burgos, Segovia, Ávila, y partes de León, Zamora y Salamanca, teniendo como límite en el Oeste el río Esla o Astura y que algunos historiadores extienden esta área hasta las tierras toledanas. Todas estas zonas, quedan sujetas a múltiples interpretaciones, según el investigador que las comente. Pues bien, a esta zona cerealista entre el año 1000 y 800 antes de la Era Común, llegaron unos celtas, que enterraban a sus muertos en lo que actualmente se denomina “campos de urnas”, usando utensilios de hierro y fortificaciones en los lugares altos. Estos celtas eran guerreros, y se asentaron por estas tierras habitadas por indígenas íberos o preceltas, mezclándose con ellos o absorbiéndolos. Hacia el año 650, también antes de la Era Común, otras oleadas celtas, de las denominadas Belgas, llegaron al Valle del Duero. Dentro de esta última oleada, compuesta por varias ramas celtas, nos vamos a centrar en la rama de los Bellovacos, bello-vacci, o bello-vacceos, que es lo mismo, dicho por diferentes investigadores.
Entre estos bello-vacceos, uno de sus componentes, los bellos o belos, se asentaron junto a las riberas oeste del Ebro y del Jalón. Otros como los tittos, ocuparon el nacimiento del Tajo, los arévacos el Alto Duero y los vacceos ocuparon el valle Medio del Duero.
Esta segunda oleada belga fue muy numerosa, se extendió también hacia otras zonas de lo que hoy es la Península Ibérica.
En la zona que comentamos al principio, fueron los vacceos los que se impusieron y mezclaron con los elementos indígenas preindoeuropeos y con los celtas de la primera oleada. Todos ello aglutinados, pasaron a formar parte de lo que histórica y arqueológicamente se ha denominado “Reino Vacceo”, que perduró desde el 650 al 220 antes de nuestra era común. En esos años, se celtizaron las ciudades que quedaban propiamente indígenas, tras la primera oleada celta y hasta la llegada del ejército cartaginés.
Las ciudades que fundaron los celtas de la segunda oleada, se caracterizaban porque muchas de ellas acababan con la terminación celta de “briga”, sujeta a varias interpretaciones, pero sin duda celta. Algunas de las más conocidas y dentro del área de influencia vaccea fueron: Lacóbriga (Carrión de los Condes, Palencia); Amallóbriga (Tiedra, Valladolid); Arcóbriga( Arcos de Jalón, Soria); Deobriga( Miranda de Ebro) y otras.
Durante los 430 años que duró la independencia vaccea, se estableció una confederación de pueblos desde ciudades como Althía (en la provincia actual de Toledo) hasta Arbocala (Zamora), desde Numancia (En Soria) hasta Pallantia (Palencia). Dicha confederación fue bello-vacci o bellovaca y continuaron relacionándose entre sí, con un mismo idioma y ocupando los centros más importantes cerealísticos que coincidían con las ciudades mas pobladas y a la vez ocupando las entradas a la Meseta que aún siendo menos productivas les servían de protección.
Los más belicosos, se asentaron en las zonas fronterizas, donde fundaron las ciudades “brigas”. Los más pacíficos, como los celtas descendientes de la primera oleada y los indígenas preindoeuropeos, labradores y ganaderos ocuparon el centro de su vasto territorio. Entre todos el “Reino Vacceo”, sobrepasó el millón de habitantes, que no es poco, para la época.
Hay constatación documental de que usaban el mismo idioma: (Inscripciones de Botorrita, de Luzaga, de Villastar, Clunia, Cauca, Intercatia y Pallantia), entre las más conocidas. Esta unidad no sólo fue lingüística, sino que fue política, en forma de la mencionada Confederación de Ciudades, durante nada menos que 430 años. Fue comercial y fue social.
Los habitantes de Pallantia, entregaban trigo con barcas a través del río Arlanza hasta el nacimiento del Duero, a cambio obtenían caballos y armas de hierro de Numantia. Desde Cauca comerciaban con los carpetanos. Desde Intercatia intercambiaban trigo con los celtas de Brigaecio, a cambio de caballos, brazaletes, anillos y fíbulas de oro.
En cuanto a la primera oleada mencionada, diferenciados notablemente de la segunda, pues aún hablando la misma lengua, éstos provenían directamente del centro de Europa, contribuyeron a la integración de los indígenas en la celtización, incluso aceleraron el proceso del paso del Bronce al Hierro. Estos primeros celtas cruzaron el río Esla (astura) y se asentaron también en la orilla oeste de este río.
De los vacceos, se puede hablar bastante, pero para el presente escrito mencionaré aspectos destacados de su idiosincracia como pueblo y nación celta o celtizada ya que llegaron mas lejos de la consideración de tribu y clan.
Ya desde la primera oleada centroeuropea afianzaron un sistema de propiedad comunal de las Tierras de almacenamiento y distribución de los granos donde todo era de todos. Desecharon el nomadismo arraigando en los lugares que se establecieron, protegiéndolos de sus vecinos astures, brácaros y cántabros que no tenían tierras tan fértiles. Acumularon sus granos resguardados en grandes ciudades-silos, en cuya vigilancia participaban todos de forma rotativa, organizados por las élites guerreras. Pero la mejor defensa vaccea, fue su capacidad para pactar, la hospitalidad y generosidad con las que trataron a sus vecinos. Con sus hermanos arévacos o vacceos del este, se ayudaron siempre mutuamente, y en la época de máxima expansión formaban parte del denominado Reino Vacceo. Sus ciudades más sobresalientes tanto de origen ligur, celta o celtizadas fueron:
Intercatia, (Villalpando??); Brigaecium (Benavente??), Ocelo (Zamora); Vellica (Aguilar de Campoo), Pallantia (Palencia); Pisoraca (Herrera del Pisuerga) Septimania (Simancas); Helmantica (Salamanca), que en ocasiones estuvo bajo dominio de los celtas vetones, y algunos investigadores la nombran como ciudad de los celtas arabi, de los cuales Abaris (Sabaris) fue su capital. La ya mencionada Arbocala, Numantia, Segontia, Segisama, Rauda, Acontia, Avia, Vindeleia, Segóbriga, Cauca etc.
El historiador M d’Obrheravt, incluso cita dentro del reino Vacceo, en algún momento de su historia las ciudades autrigonas y a estos mismos, guerreros celtas que vinieron a finales del siglo V antes de nuestra Era desde las lejanas tierras del sur de Austria y Eslavonia, no sin antes pasar por Italia, el curso del río Garona, llegando a Keltiké por Roncesvalles y la tierra de los vascones (Navarra). así como las alianzas con los turmódigos de la rama celta de los belgas.
Entre los reyes vacceos que nos han llegado noticias, hay un tal Hilerno, que reinó hacia el 193 antes de la era común, ya en un reino menos extendido, pero aún importante pues uno de los primeros que intuyó al estilo Vercingetorix, el peligro romano. Ante esto pudo reunir en una gran confederación a vacceos, vettones, olcades y carpetanos y enfrentarse a la amenaza romana, pero aún y así fue derrotado. A partir de este rey y en los años posteriores, esa misma confederación, ya sin Hilerno, tuvo que improvisar jefes militares con urgencia para organizar la defensa.
El aspecto socioeconómico más destacable de este pueblo fue la supuesta igualdad económica, llamada "Colectivismo Agrario" por algunos historiadores, que se desprende de un texto de Diodoro de Sicilia. Este autor nos indica que entre los vacceos existía la costumbre de dividir cada año sus campos por suerte, éstos se trabajaban según les hubiera asignado el sorteo, y la cosecha pertenecía a la comunidad, la cual hacía un reparto según las necesidades de cada individuo; la ocultación de una parte de la cosecha se castigaba con la pena de muerte o la exclusión de grupo tribal.Desde un punto de vista social, este párrafo parece indicar la existencia de una estructura igualitaria. Sin embargo, conocemos la presencia entre los vacceos de población esclava; por otro lado, los ajuares funerarios de necrópolis como las de Rauda, Pintia, Pallantia, etc., muestran una fuerte estratificación social, con tumbas muy pobres y otras con objetos suntuarios de oro y plata, clásicos de una clase social dirigente y de superior condición económica. Esto choca abiertamente con el pasaje de Diodoro, pues si el reparto fuera igual entre todos no habría diferencias económicas, y tampoco existiría una población de esclavos. Se ha indicado que, posiblemente, el sorteo sólo afectase a los jefes de las grandes familias y que el reparto de la cosecha obtenida se distribuiría según sus necesidades, un reparto que tendría en cuenta, fundamentalmente, el rango de cada individuo. Este jefe familiar era el jefe de la gens, una institución superior al núcleo de la familia y al individuo.
La agricultura fue la principal actividad de este pueblo, sobre todo en las tierras situadas al sur del Duero, donde se cultivó fundamentalmente el trigo y la cebada. Fue un sector que proporcionaba excedentes, que fueron invertidos en comercio exterior. Sabemos que éstos se podían almacenar en silos y en construcciones similares a los hórreos. Su producción elevada les permitió incluso ayudar a los pueblos Arévacos en su lucha contra Roma, proveyéndolos de alimentos; y en otros casos fueron utilizados como moneda de cambio para obtener productos de los que ellos carecían.
La ganadería también está constatada en aquellas zonas de ambiente forestal, como se refleja en los tributos que estos pueblos debieron pagar a Roma en la etapa de la conquista. Proveyó también de materias primas a la industria textil. La alfarería estuvo igualmente desarrollada; se conocen altares en núcleos como Rauda, que produjo cerámica fina y común. Otras manifestaciones de la cultura material de este pueblo se asemejan a la ya mencionada entre los Arévacos, Autrigones y Vacceos: destacan los utensilios agrarios, los correajes de caballo, adornos personales, broches de espada y cinturones, navajas de afeitar, etc.